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LeBron James: Seis años, cuatro trofeos de MVP y un anillo

LeBronInstantes después de perder las Finales de 2007, LeBron James se cruzó con Tim Duncan en los pasillos del estadio. El campeón abrazó a la joven superestrella y le susurró al oído algo más que unas palabras de ánimo. “Algún día esta liga será tuya”. Seis años, cuatro trofeos de MVP y un anillo después, las palabras del mejor ala-pívot de todos los tiempos se han hecho ciertas, pero presenta un último reto para el alero de Akron: sus San Antonio Spurs, los primeros verdugos, serán también sus próximas rivales en la final de la NBA.

Quizá LeBron llegó demasiado pronto, demasiado lejos, a una cima que le estaba reservada. San Antonio desnudó con una sencillez sonrojante las carencias de un talento portentoso pero a medio pulir. Le retó a lanzar a canasta, a resolver por sí solo en el mayor escenario de todos. Pero lo que entonces facilitó el cuarto anillo de los Spurs, hoy sería una muerte rápida. Aquel fracaso aceleró la obsesión de James por mantener su juego en continua expansión, a ser hoy uno de los grandes dominadores del baloncesto.

“Tengo que ser diez veces mejor. El equipo tiene que ser diez veces mejor. El cambio empieza por mí y de ahí se contagiará al resto”, apuntó LeBron James tras aquella primera y humillante derrota (4-0). Con San Antonio de nuevo en el camino, la pregunta se hizo inevitable. “Ahora soy mucho mejor. Soy 20, 40, 50 veces mejor jugador que en aquellas Finales”, aseguró. Por medio hay otra dolorosa derrota (Finales de 2011 contra Dallas) y un anillo, el primero, que ha liberado al autoproclamado ‘Elegido’ de una presión que él mismo ayudó a construir.

Su fichaje por los Miami Heat en 2010, rodeado de un circo mediático innecesario, retorció la exigencia, pero LeBron James ya ha empezado a responder por todas esas demandas. De las once eliminatorias de ‘playoffs’ que ha disputado desde que se formara el ‘Big Three’, sólo ha perdido una, la final de 2011, y difícilmente puede imaginarse una versión más dominante. “Es el mejor jugador del mundo. Quizá también el mejor defensor del mundo”, asumió Frank Vogel tras la eliminación de sus Indiana Pacers.

El mejor reparto posible

“He fichado por los Miami Heat para tener compañeros que no se achiquen en los momentos clave”. Fue otra de las frases con las que LeBron James dejó patente su escaso talento –el único que no ha mejorado– ante los micrófonos. Lo cierto es que los Cleveland Cavaliers sólo supieron rodearle de estrellas venidas a menos o jugadores que nunca fueron a más. Al sur de Florida, Pat Riley reunió una montaña de talento para la que luchar por el anillo no ha sido un logro, sino una exigencia de mínimos.

De ahí la presión con la que Miami afrontó el séptimo partido en la final del Este. El incesante trabajo de los Indiana Pacers había anulado casi cualquier resorte de ayuda para LeBron. “Es como si hubiera vuelto a mis días en Cleveland”, lamentó. El alero de Akron lanzó un tirón de orejas público a sus compañeros, pero fue precisamente su propia respuesta en el momento decisivo lo que marcó la diferencia. “Ha entendido, como nosotros, que no íbamos a ganar simplemente con una exhibición suya”, subrayó Dwyane Wade.

Jugadores como Dwyane Wade o Udonis Haslem ya sabían lo que era ganar una final antes de que LeBron disputara siquiera una. Otros, como Chris Bosh, arrimaron el hombro en defensa a falta de salud para hacerlo en ataque. Los Miami Heat respondieron a coro con un enorme sacrificio atrás, con esa ambición que James reclamaba en Cleveland.

“Tim Duncan tiene un gran reparto a su alrededor. Saca lo mejor de sus compañeros. Yo quiero hacer lo mismo”, confesó LeBron James en aquella rueda de prensa posterior a la derrota. Seis años después, afronta la revancha contra los San Antonio Spurs mejor preparado, mejor rodeado… y seguro que con la lección bien aprendida.

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